Se proyecta la construcción de un restaurante en el interior del mercado barcelonés de Santa Caterina, rehabilitado en fecha reciente según proyecto de Miralles-Tagliabue. La intervención debe respetar una serie de líneas de la tradición, entre las que cabe destacar dos: la primera de ellas es la de las cantinas de mercado y la segunda las líneas del proyecto iniciadas en la intervención general en el conjunto del mercado. El nuevo restaurante se organiza en una serie de bandas longitudinales apoyadas en la fachada exterior del inmueble: una potente estantería-despensa, una línea definida por dos mesas y una barra intermedia de servicio, una serie de mesas individualizadas combinadas con jardineras que se interponen entre ellas y una batería de diferentes barras, que se apoyan en la fachada interior, en la que se proponen diversos tipos de oferta gastronómica.