El tratamiento de los espacios interiores del nuevo hotel, tanto los de carácter privado como los de índole pública, responde al criterio de alcanzar la máxima confortabilidad ambiental para el usuario del establecimiento, rehuyendo de estereotipos más utilitaristas. Este planteamiento no supone en ningún caso la renuncia a la experimentación de nuevas alternativas, como es el caso de la planta baja –en la que el espacio de recepción se confunde y se prolonga en las zonas de estar y el restaurante— o en los dormitorios, en los que se propone un espacio más unitario, manifiestamente contrapuesto a las organizaciones más convencionales.