El Centro Parroquial de la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid es un edificio singular revestido en acero cortén que, mediante su agresiva geometría, se impone en su entorno manifestando sin ningún tipo de timidez el carácter religioso y representativo del edificio
La forma de la parcela, estrecha y larga, exigía una disposición direccional, como la que finalmente se ha construido, pese a que, como manifiestan los autores: “nosotros pensamos que esos esquemas direccionales no se adecuan a los requerimientos litúrgicos de la actualidad”. Para resolver este inconveniente y en el marco de la reflexión histórica, los arquitectos retoman la idea de Bernini en Sant’Andrea al Quirinale, donde la planta es una elipse en la que el eje menor es el principal y el mayor, el subordinado, forzando también la entrada por el eje menor y colocando en él la sede, el ambón y el altar, concentrando así toda la densidad jerárquica. Un espacio físicamente longitudinal se convertía, de este modo, en un espacio centralizado.
Para aprovechar al máximo la superficie construida, se ha desarrollado un edificio continuo que unifica las viviendas de los sacerdotes y el centro parroquial con el templo. La cabeza del edificio explota en unos lucernarios que marcan al exterior el presbiterio, y se convierten en la imagen característica del templo, formando un retablo de gran valor formal. La construcción es muy sencilla: estructura metálica, revestimiento de cortén y trasdosado de pladur.
Finalmente se han involucrado en el proyecto una serie de artistas que, de forma desinteresada, han colaborado en el proyecto. José Manuel Ciria ha pintado toda la Capilla del Santísimo, convirtiéndola en un mural que representa la creación del mundo, una obra de un expresionismo heroico pero al tiempo sutil y lleno de matices mientras que Javier Viver, artista especializado en video arte, ha realizado las imágenes de la Virgen y de Santa Mónica, en un estilo figurativo formado por un magma de paños en torsión, que recuerda las propuestas de Bernini para la beata Ludovica Albertoni. El crucifijo es obra de José Luis Sánchez, uno de los escultores que más ha hecho por el arte sacro en España desde los años cincuenta. El Vía Crucis es obra de José Antonio Ramos: catorce cruces de acero, todas diferentes, tratadas con vendas pintadas y el impactante Cristo de la sacristía es del escultor Javier Martínez. Finalmente, el gran altar principal, el ambón, la sede y la pila bautismal han sido pintadas por Fernando Pagola.