Situado en el corazón del Eixample barcelonés, surge este local de quinientos metros cuadrados de forma rectangular, que responde a las inquietudes de su fundador quien sentía la necesidad de compartir públicamente y en un sentido global su pasión por el mundo del vino. Por ello, este espacio constituye una amalgama de muchas cosas a la vez. Por un lado, un centro divulgador de la cultura del vino; por otro, una recepción singular, una biblioteca, un wine bar, un espacio gastronómico, una bodega, un aula de catas, presentaciones y conferencias, y un pequeño jardín urbano. Cada uno de estos espacios tiene su estilo propio y funciona con independencia de los demás, aunque, sin embargo, todos ellos son piezas fundamentales de un mismo paisaje. Para preservar la intimidad de cada zona y a la vez conferir esta idea de conjunto indisoluble, el autor del proyecto concibe el local como un gran espacio diáfano en que sólo el cristal transparente semi-espejado de color canela independizara los ambientes a la vez que se mantuvieran la sensación de espacio único.