La obra constituye una respuesta a toda la problemática relativa a la vivienda social. Se trata de un proyecto innovador y que busca adaptarse a los estándares de la sociedad actual. Constructivamente, la propuesta incorpora materiales innovadores, procedentes del sector industrial, y que favorecen su ejecución y puesta en obra. Asimismo adquiere notable importancia la introducción de parámetros sostenibles.
Algunas consideraciones sobre vivienda social
Paisaje es toda aquella marca de la adaptación del hombre al medio. Tradicionalmente, cuando se trataba de conseguir un objetivo práctico, se conformaba el paisaje de manera casi siempre económica, certera y reversible. Cuando se trataba, en cambio, de trascender y de demostrar el poder, el esfuerzo adquiría otro valor y no se escatimaban los medios para superar la escala humana, tanto física como temporal, sobreviviendo las obras a la muerte de los propios artífices.
La vivienda social, aunque más próxima por su condición a los mínimos, ha ensayado desde sus orígenes tanto lo uno como lo otro. La vienesa Karl Marx Hof convirtió una inmensa agrupación de sencillos apartamentos de cuarenta metros cuadrados en un monumento “social” y marcó una línea a seguir desde un punto de vista de planteamientos político-propagandísticos del problema. La Weissenhof Siedlung de Stuttgart se inspiró, en cambio, en la imagen del crecimiento “orgánico” de los pueblos blancos mediterráneos, pero no vio motivos para representar el pragmatismo evolutivo de su urbanismo conglomerado. Las viviendas Nemausus propusieron en 1986, desde una actitud libre de prejuicios, soluciones urgentes y directas al problema de la vivienda barata. El proyecto de Nouvel relaja, en beneficio de la franqueza, la importancia otorgada habitualmente por el arquitecto al estilo, el cual vendría a ser como el momento del beso en las novelas de Barbara Cartland. Siempre distintivo pero, en verdad, tantas veces ateniéndose a un guión paralelo y autónomo de la propia acción.
Seguidamente se presenta un esfuerzo más por plantear vivienda social de acuerdo con las oportunidades identificables en nuestro tiempo y contexto. Nuestra intención ha sido, en lo posible, desvelar el potencial de nuevos estándares, confundidos a veces dentro de los datos más corrientes de la realidad. Vivienda que no siente la obligación estilística sino, en todo caso, la afinidad con aquellas maneras de hacer que nacen de las propias estrategias del proyecto. Una arquitectura por ello desclasada, quizá difícil de asumir desde una mentalidad puro-mediática, pero deseable en cuanto que estrategia para un tiempo complicado y para desarrollar las oportunidades que nos brinda nuestra evolución tanto técnica como cultural.
El proyecto
La parte alta de Vilassar de Dalt, donde se encuentra el edificio en cuestión, se encarama a las primeras estribaciones de la Serralada Prelitoral. El pequeño casco urbano se encaja entre el lecho de dos ramblas que divergen a medida que descienden hacia el mar. Las nuevas viviendas se encuentran junto a la que limita el casco antiguo por el norte, la riera Targa. La calle por la que se accede a las viviendas, de nueva creación, conecta ambos cursos intermitentes transversalmente por su cabecera, laminando salvajemente el perfil natural, que hasta la urbanización era todavía el de un suave morro de colina. El frente de las viviendas se encuentra, por ello, muy por debajo de lo que fue el nivel del terreno antes de la apertura del vial. Baste decir que el acceso a algunas casas preexistentes, que ahora precisa de la rampa peatonal que completa el proyecto, se realizaba hasta el año 2005 por un sendero en ligera pendiente.
El terreno entre rieras es coronado desde principios de los años setenta por un voluminoso edificio de viviendas. Se trata de un grave trastorno para un tejido suburbano formado originalmente por piezas mucho más pequeñas y mejor integradas en la escala casi doméstica del paisaje litoral del Maresme.
Al operar en una herida programada se procura detener la hemorragia mediante una sutura a cota con el nuevo vial. Era importante también intentar, desde un volumen atento al problema, minimizar el impacto del gran edificio que quedaba a sus espaldas, utilizando alguna táctica de diversión, quizá el mismo truco que el ilusionista David Copperfield realizó para hacer desaparecer un Boeing 747 ante los ojos del público: un objeto menor en primer plano ocultaba un objeto mayor situado más lejos.
El nuevo volumen podía haber tenido una planta más de altura pero interesaba conseguir la esbeltez necesaria para evitar que hiciera sombra a la porción del casco antiguo que asoma desde lo alto.
En vivienda social hay actualmente planteamientos que no suelen prosperar. La suerte ha hecho que algunos de ellos, sin embargo, hayan sido ensayados felizmente en este conjunto de viviendas.
Aunque es infrecuente, no es la primera vez que nos encontramos ante unas VPO construidas en seco, lo que permite usar materiales más caros, pero cuya precisión y velocidad de puesta en obra puede compensar el gasto extraordinario. Muchas de las arquitecturas consideradas de calidad, se piensan todavía como un proceso artesanal, nada competitivo en precio y, desde luego, más propio de otros tiempos. En vivienda social, el margen de maniobra es bastante estrecho a menos que se replanteen los términos del problema. Cuando ya ni la ropa que nos ponemos está hecha a medida, nos hallamos lejos, en cambio, de pensar en la arquitectura como un proceso que, aunque contextual, se aproxime a la lógica industrial.
La industria, por otra parte, ha de evitar marcar el medio ambiente. Se ha procurado, por ello, realizar viviendas sinceramente atentas con el medio, de construcción totalmente reversible y en las que el diseño se concentra en reducir el consumo energético de manera pasiva. Son unidades con acceso por pasarela, que nos transportan a algunas discusiones relacionadas con el espacio privado, nacidas los años sesenta, cuando todavía no éramos conscientes del ahorro que suponía no tener que calentar ese 20% del edificio. Las pasarelas en determinadas circunstancias pueden perfectamente ser vividas y disfrutadas por los vecinos; no somos holandeses y merece la pena pensar en zonas habitables al exterior.
Pero quizá cueste recordar ejemplos de vivienda social que pongan en tela de juicio los estándares de habitación más conservadores que tácitamente impone el cliente público. Frente a los planteamientos mercantiles que anteponen el valor de cambio del producto, se ha optado por reivindicar estrategias a favor del valor de uso del objeto. Es cierto que se ha de cumplir normativamente con unos requisitos de habitabilidad periclitados, pensados más para evitar la picaresca que para atender a los nuevos modos de usar la propia vivienda. Pero si se trabaja por eliminar ciertas inercias como una profundidad del bloque inadecuada, la separación excesiva de usos no simultáneos o el espacio de distribución sobreabundante, se puede ofrecer un espacio diáfano de unos inusuales cuarenta y dos metros cuadrados, totalmente practicables gracias a amplios ventanales que corren por delante de la fachada, un cuarto de baño generoso en luz natural y una tercera habitación que verdaderamente pueda servir de comodín o ampliación natural de las otras (despacho, bebé, trastero).
Para las fachadas, EPDM. Caucho, en este caso reforzado con fibra de poliéster. El material con el que se fabrican las lanchas Zodiac, que con agua salada y sol garantizan estanqueidad total incluso a varias atmósferas de presión. En coherencia con el material, la unión entre las diferentes piezas se realiza en obra mediante vulcanizado en caliente. Un material de excelente calidad, barato y experimentado desde hace más de ciento cincuenta años con el que sólo nos habíamos atrevido a impermeabilizar cubiertas. El edificio, tal como un sofá de Allen Jones, deja al aire su piel textil acolchada sin observar el recato obligado por la estricta educación recibida en la escuela de arquitectura. Los más pudorosos quizá se escandalicen un tanto. ¿Nos arriesgamos?