Viviendas plurifamiliares

Barcelona
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27 Viviendas de Protección Oficial de alquiler para jóvenes

Emiliano López y Mónica Rivera, arquitectos

Premio FAD 2008  Arquitectura
Descripción Ficha técnica

Se trata de un proyecto pensado para sacar el máximo provecho a una superficie de cuarenta y cinco metros cuadrados, ejecutados con materiales duraderos aunque de bajo coste, dada la finalidad del volumen a construir: viviendas de protección oficial de alquiler. Representa un ejemplo de investigación y experimentación en este campo, por otra parte, tan de moda últimamente. Los nuevos modelos de sociedad, alejados en algunos casos de la familia tradicional, llevan a pensar en soluciones que antes eran impensables. Por otra parte, recurrir a espacios de dimensiones tan escasas permite a los jóvenes el acceso fácil a la independencia, sin tener que dejarse la mayor parte de sus ingresos en un alquiler o en una hipoteca. Por último, esta tipología edilicia contribuye a fomentar un mercado de alquiler barato y muy competitivo.

Se trata de un proyecto de veintisiete viviendas para jóvenes, resultado de un concurso organizado por la Generalitat de Catalunya y el COAC para arquitectos menores de cuarenta años. Las viviendas de cuarenta y cinco metros cuadrados, pensadas para una o dos personas, se ubican en un solar trapezoidal en el barrio barcelonés de Sant Andreu.
El proyecto parte de un concepto que se materializa desde adentro hacia afuera, prestando especial atención a las cualidades espaciales del interior, un aspecto al que actualmente no se le presta la atención suficiente en la vivienda social, a juicio de los autores.
Se entienden los lugares de transición entre interior y exterior como límites gruesos, compuestos por intersticios amortiguadores de pequeña escala, que le dan a la vivienda una mayor variedad de espacios.
Tanto la ventilación natural, como la abundante luz natural en todos los espacios, están garantizadas por la distribución interior y por disponer todas las unidades de dos fachadas opuestas abiertas.
Aprovechando el clima mediterráneo, la entrada a los apartamentos se realiza mediante una calle elevada en la parte posterior del edificio que mira hacia un típico patio interior de manzana barcelonés.
La cocina y el lavabo se colocan adyacentes a esta fachada, mientras que la zona principal de estar se encuentra en la fachada sur-este opuesta, con el fin de cumplir con el decreto local de eco-eficiencia, el cual pide que el ochenta por ciento de las viviendas dispongan de al menos una hora de sol directo en la sala de estar de diez a dos de la mañana en el solsticio de invierno.
Funcionando como amortiguador entre la calle y el estar y recuperando una tradición barcelonesa, se instala una pequeña galería en el extremo sur del estar, generada entre dos superficies vidriadas y que funciona como captador solar pasivo en el invierno. En verano, debido a la verticalidad de la incidencia solar, abriendo las lamas vidriadas exteriores y cerrando las puertas plegables interiores, la galería se transforma en un balcón.
Adyacente a la sala de estar y separada por dos grandes puertas corredizas, se encuentra la habitación. Hacia la fachada de la calle se dispone un espacio alcoba generado por la profundidad de la galería. En este espacio, una ventana de dimensiones más reducidas, con lamas orientables, filtra la luz, según las necesidades del usuario. La ventana se coloca en el centro del espacio para liberar las dos esquinas, con el fin de poder instalar armarios o escritorios a ambos lados. Este espacio puede usarse también como rincón para dormir, y así disponer del resto de la habitación para otros usos.
La habitación conecta con el lavabo, que queda separado de la calle elevada mediante un espacio amortiguador para lavar y secar la ropa. Este espacio cerrado por lamas de acero galvanizado y placas de fibrocemento, invade el ancho de la calle elevada, comprimiéndola en este punto y separando las viviendas del paso de personas. El acceso a las viviendas se da en los remansos de mayor profundidad que se generan entre los lavaderos. Estos remansos o ampliaciones de la calle pública, se convierten en pequeñas terrazas exteriores. Se encuentran adyacentes a la cocina, y pueden ser apropiados por los inquilinos como extensión del apartamento, favoreciendo la interacción social y la idea de comunidad.
El muro que separa la cocina de la calle pública, alberga todas las conducciones verticales del edificio con el fin de ser fácilmente accesibles para el mantenimiento, pero también para dar una profundidad exagerada a la ventana que comunica el interior con el exterior. El alfeizar de esta ventana de guillotina se convierte en una bandeja de acero galvanizado de sesenta centímetros de ancho, pudiéndose usar para pasar y colocar comida o bebidas directamente de la cocina a una mesa en el exterior.
Debido al bajo coste de construcción y que las viviendas son en régimen de alquiler, los materiales elegidos son lo más duraderos y económicos posible, trabajados de manera que resultaran lo más simple y fácil de ejecutar. Los suelos son de terrazo pulido, los forjados de prelosa de hormigón pintada y la estructura de hormigón pintada, las divisorias de cartón yeso y la cerrajería es en acero galvanizado.



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Emplazamiento: Distrito de Sant Andreu, Barcelona. Autores: Emiliano López y Mónica Rivera, arquitectos. Colaboradores: Florencia Grieco, Sandra Hernández y Álvaro Solís. Cálculo de estructuras: BIS Arquitectes. Instalaciones: PGI Grup. Aparejador: Rafael Huertes. Constructora: Constructora d’Aro. Promotor: Institut Català del Sòl. Fotografía: José Hevia.
Contacto
Mónica Rivera
Barcelona
www.lopez-rivera.com
Emiliano López
Barcelona
www.lopez-rivera.com

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